Muchas
veces me pregunté porque la vida tiene senderos inciertos
Cuando
son intensos como la rutina que cubre de arrugas los días,
Sin
embargo, en otras como el capullo de una rosa vestida de llovizna
Al
apaciguar la inquietud de quien busca adueñarse de sus misterios.
Un
predestinado camino que quizás intuya de esa lucha interna,
Para
que las preguntas queden laceradas en inagotables silencios.
¡Ay,
Vida! Susurra el destino quien es amante de tus desvaríos…
El
que viste de intensidad cada nacer de un respiro, llanto y lucha.
Quisiera
entender el sabor de las lágrimas frente a los infortunios,
El
por qué la mirada queda cristalina en medio del fulgor del alma,
Surgiendo
un eslabón en su quebranto que difieren las palabras…
Una
soledad que como feto se acuna en lo profundo de lo vivido.
Muchas
veces como tantas otras, quise ser mártir de mis sentidos,
Una
columna de imágenes que dejaran al descubierto las estancias,
Esas
que desde la niñez nunca comprendieron a plenitud las luchas,
La
pubertad en el comienzo de la vida ni tampoco mis pensamientos.
Escrito
por: Ivonne Falero Román
Seudónimo:
Yolanda Roman
©Derechos
Reservados ® 15 de enero de 2015





